viernes, 2 de diciembre de 2016

Lucas Fernández Peña



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Hildelisa Cabello

Archivos adjuntos14:29 (hace 0 minutos)
para EddaGuzmanTeresatitademoncadaHoracioJuanSuarezNobelNormaortaCristinaNaluaOldman
Hola amigos y amigas. Se del interés que tienen por estos temas.  El próximo 7 de diciembre se realizará en Santa Elena de Uairén-Municipio Gran Sabana, el bautizo/presentación del primer tomo de las Memorias de Don Lúcas Fernández Peña, un venezolano que desde 1912 se internó y exploró la selva guayanesa. Acompañado de los Pemones se enfrentó a los ingleses y defendió nuestro territorio, promovió el poblamiento del sureste regional guayanés, para finalmente sembrarse en la Gran Sabana. Allí formó una numerosa familia y murió en 1987. Cuidadosamente llevó un diario o libro de memorias desde su llegada a Ciudad Bolívar,  el 19 de abril de 1912, posiblemente  hasta 1957, que él mismo título: Mi Viaje sin Retorno, y hoy, con grandes esfuerzos sus familiares, reunidos en torno a la Fundación Lúcas Fernández Peña, comienzan a hacerlos públicos.
Adjunto una visión muy personal sobre la vida de este hombre, el aporte de esta publicación a la historia y cultura regional,  y la necesidad de apoyar la continuidad de este proyecto editorial, para Guayana,  y en general para nuestro país.
Con mis cordiales saludos,
Hildelisa Cabello Requena.

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Lucas Fernández Peña, Viajero y Explorador del siglo XX Hildelisa Cabello Requena Lucas Teófilo Fernández Peña, nació el 2 de noviembre de 1894 en El Baúl, estado Cojedes; y falleció el 28 de septiembre de 1987, en la ciudad de Santa Elena de Uairén. En 1912 este joven e inteligente farmaceuta decidió dejar de ejercer su profesión en su tierra natal, cruzar el río Orinoco, e internarse en el interior de Guayana. El 19 de abril de 1912 arribó a Ciudad Bolívar, según dejó constancia en su impecable, detallado y muy bien escrito libro de Memorias, cuyo primer volumen recién ha publicado la fundación que lleva su nombre. De la capital bolivarense se marchó, rumbo el sureste guayanés. Además de una muy grata impresión de la ciudad y su paisaje, de la antigua Angostura se llevó consigo la reconocida obra Anales de Guayana, de don Bartolomé Tavera Acosta, de la cual comenta en sus Memorias, fue un: “obsequio que puso en mis manos aquella señorita inteligente y hermosa, de ojos azules, larga y rubia cabellera, que llevo en mi memoria y en mi corazón”. De Ciudad Bolívar salió llevando por equipaje, “…papeles de interés personal, mi libro de recuerdos (Anales de Guayana), el chinchorro y la cobija en mis bolsones, y en un saco de tela fuerte, impermeabilizada con goma de balatá, mis trapos de vestir, mi mosquitero y otros cachivaches….”. Con estos básicos enseres Lucas Teófilo Fernández Peña inicio su Viaje sin Retorno, como tituló su libro de Memorias, sin imaginar dónde terminarían sus días, cuál sería el importante resultado de su apasionante aventura por las intrincadas selvas de Guayana, y menos aún, la trascendencia de su impronta civilizadora en estas ancestrales tierras venezolanas. Su primera parada la hizo en el viejo e histórico pueblo de San Félix, asiento del estratégico puerto orinoquense de Puerto de Tablas, que conectaba con la Cuenca del Yuruari. De allí continuó viaje hacia Upata donde se alistó como contador en la empresa balatera del señor José Ramón Zerpa. Esta actividad le permitió conocer y recorrer, en su añorado y tranquilo mulo Perucho, la región aurífera y balatera, entre Upata, El Callao, El Dorado, El Venamo y Tumeremo, éste último, punto de partida al interior de la selva y centro de acopio principal de la producción y redistribución de las actividades relacionadas con la empresa balatera que había contratado sus servicios. En la apasionante narración sobre su periplo guayanés vinculado a la empresa balatera (1912-1914), no solo fungió como excelente administrador de la empresa del señor Zerpa, una actividad totalmente desconocida para él; sino también, alfabetizó parte de los campesinos que laboraban bajo su supervisión. Además, forzado por las circunstancias, las precarias condiciones materiales y carencias sanitarias que en la época experimentaba la población en el interior regional guayanés, tuvo que ejercer, no solo 2 como boticario, su profesión; sino como médico cirujano. Importante es recordar que Lucas Fernández Peña, antes de tomar la determinación de internarse en las selvas guayanesas, tenía planes de viajar a Europa o Las Antillas a seguir estudios de medicina; aunque también era un apasionado por los estudios de Astronomía. En este primer encuentro con la Venezuela profunda, con Guayana, Don Lucas puso a prueba su capacidad para enfrentar un mundo inhóspito y salvaje, puso en riesgo su vida personal, y al decir de los resultados de su valiente emprendimiento, nunca lo amilanó o acobardó aquella enigmática, misteriosa, y algunas veces, tenebrosa realidad de la selva. Al contrario, los resultados de su impronta guayanesa, son una demostración de cuanto puede lograr el ser humano cuando se propone y decide alcanzar sus objetivos. Sin duda, el éxito de este viajero-explorador venezolano de comienzos del siglo XX, además de su fe y educación, se debió a que nunca abandonó el dictado de su generoso y humilde corazón. En su etapa balatera, según relata en esta primera entrega editorial de sus Memorias, su trabajo consistía en “grandes cuentas que llevar y muchos peones que despachar”. Sin embargo, en paralelo cumplía exitosamente una importante y generosa labor atendiendo a los enfermos, hombres, mujeres y niños del interior guayanés, motivo por el cual lo llamaban merecidamente el Doctorcito. Un halago que el joven Lucas Fernández agradecía humildemente, señalando: “Si bien mis tratamientos no están en desacuerdo con la cirugía ni con la terapéutica, ello no me autoriza a considerarme un médico, a pesar de que todos me den ahora ese honorable título”. El propio médico acreditado en Tumeremo reconocía la efectividad de los tratamientos administrados por el Doctorcito Fernández Peña. La generosidad del joven farmaceuta y su comprensión de la realidad que vivían aquellos pobladores, con quienes compartía su día a día, hizo que nunca les cobrara sus servicios, incluso, les regalaba las medicinas que necesitaban “si las tenía en la empresa que –diligentemente- administraba” Espíritu Nacionalista En 1921 su espíritu arriesgado y aventurero lo llevaría a establecerse en las tierras del Alto Caroní. Allí puso a prueba nuevamente su espíritu de compromiso y sentimientos patrios, al asumir la defensa del territorio venezolano acompañado de un grupo de indígenas de la cultura Pemón. Esta vez, frente a las pretensiones expansionistas de los ingleses, quienes, como se conoce desde el siglo XVII, mantenían y practicaban su política de expansión, ocupación y colonización del territorio de Venezuela, esta vez, por la región de la Gran Sabana. Según describe su hija Luisa Elena, Lucas Fernández Peña: “…era un nacionalista, que en su primera aventura no consiguió en la zona más que indígenas Pemón, la bandera inglesa sobre el cerro Akurimá y los indígenas balbuceando el idioma de los colonizadores adventistas”. Señala además, que su padre – vale acotar, cual Domingo Sifontes en 1895, en el Cuyuní- y los Pemones, en un desigual y arriesgado enfrentamiento dieron “veinticuatro horas a los ingleses para que se fueran, e izaron el pabellón tricolor”. 3 Lucas civilizador En el sitio que hoy ocupa Santa Elena de Uairén, Lucas Teófilo Fernández Peña, quien había sido designado policía de fronteras en el Alto Caroní, construyó su casa y se estableció con su familia. En sus alrededores, lentamente se fue estableciendo una población, la cual, con el transcurrir de los años pasó a constituir el primer asentamiento humano mestizo que luego daría forma al núcleo urbano original de la primera ciudad fundada en la frontera venezolana, con la republica Federativa de Brasil. Con el correr de los años aquella ranchería, se convertiría en la capital de una de las entidades municipales del estado Bolívar, la cual, hoy por hoy, es considerada por su riqueza natural, su potencial turístico, ubicación e importancia geopolítica, entre las más importantes de Venezuela. Nos referimos a Santa Elena de Uairén y el paisaje natural que la circunda. De esa manera este venezolano de excepción, llamado Lucas Fernández Peña y su iniciativa de fundar una ciudad en el sur del territorio venezolano, justo en la frontera entre Venezuela y Brasil, “…resguardó más de 38.000 kilómetros cuadrados que representa una gran parte del Sureste venezolano,… y una de las poblaciones más importantes del país”. Según narra su nieta, Luisa Bibiana Moreno Fernández, el nombre original dado por Lucas Fernández Peña a la localidad fue Elena de Uairén, el primero, en honor a su primogénita Luisa Elena, y el segundo, al río que bordea la ciudad. El adjetivo, Santa, - refiere-, se lo colocaron los Capuchinos que arribaron posteriormente a esta región. Como se conoce en 1931, miembros de la mencionada orden religiosa se sumaron a los esfuerzos que venía realizando Fernández Peña para resguardar y asegurar la soberanía sobre esta área geográfica fronteriza venezolana. Éstos, procedentes de Tumeremo, se establecieron en Santa Elena de Uairén la década de 1930. Desde entonces y hasta nuestros días, esa congregación ha impulsado una importante labor social y religiosa de apoyo a las comunidades indígenas establecidas en este apartado territorio del estado Bolívar. Lucas Fernández Peña y su legado histórico El sur venezolano, más concretamente el municipio Gran Sabana y su capital, Santa Elena de Uairén, huelen a Lucas Fernández Peña. En estos espacios se recuerda, se honra su presencia y se respeta su memoria. Particular mención se hace al robusto tronco familiar que formó, cuidó, protegió y atesoró. En la actualidad reunidos en torno a honorables y respetadas familias Santaeleneras, muchas establecidas en La Gran Sabana o en Santa Elena de Uairén; otros, radicados en distintos lugares de Venezuela o esparcidos por el mundo llevando en sus entrañas, en su sangre y en su corazón el amor y el orgullo de ser descendientes de este insigne venezolano, llamado Lucas Fernández Peña. Sin embargo, en nuestra opinión, el legado de Lucas Fernández Peña, el cual, sin duda, estuvo marcado por el compromiso, el sacrificio y la entrega sin condiciones, adquiere una nueva dimensión con la decisión de la Fundación que honrosamente lleva su nombre, de hacer público el primer tomo de sus Memorias; las que comenzó a escribir el mismísimo 4 año de 1912, en Ciudad Bolívar, donde inicio el camino que lo llevaría luego a internarse de manera decidida en la profundidad de las selvas guayanesas y a vivir la experiencia que él mismo definió como un Viaje sin Retorno. Título premonitorio que dio a su importante Diario, el cual posiblemente, dejó de escribir en 1957. Esta loable y plausible decisión de los descendientes directos de Don Lucas Fernández Peña, de hacer públicos los manuscritos de sus apuntes, no solo debe recibir un gran reconocimiento por el aporte que ofrece a la historia y la cultura regional; sino también, debe contar con el apoyo decidido e incondicional de todas las instituciones, públicas y privadas, nacionales, regionales y locales, a fin de concretar este proyecto, aún inconcluso, por su valor documental y testimonial. Promover la edición del resto de estos documentos, permitiría conocer y descubrir la visión de este ilustrado venezolano, que un día decidió abandonar las comodidades de su hogar, las bondades que ofrece la ciudad e internarse en la selva; más aún, si tomamos en cuenta que el contenido de la presente publicación, solo comprende el período inicial o de contacto de Lucas Fernández Peña con Guayana; es decir, la etapa en la que estuvo vinculado a las actividades y la región de explotación balatera: entre 1912 y octubre de 1915. El difundido espíritu o faceta nacionalista de Lucas Fernández Peña, por ejemplo; el que hace referencia a su desventajosa, pero, exitosa defensa de la integridad de nuestro territorio frente al invasor británico, en cuyo recordado episodio solo estuvo acompañado por un puñado de indígenas Pemones, no solo debe ser difundido; sino, estudiado, conocido e incluido en la bibliografía histórica de las fronteras de nuestro país. Ello sin embargo, solo será posible con la publicación de sus importantes y muy bien escritos apuntes; en los que sin duda, encontraremos información testimonial de primera mano, a la que solo podrán acceder los investigadores con su publicación o con el depósito de los manuscritos, por parte de la familia, en los archivos oficiales de la república; alternativa, esta última, que en la actualidad no garantiza la organización técnica-documental para la consulta pública de los mismos; e incluso, se corre el riesgo de extravío, dada la carencia de recursos humanos y financiero, a ese fin, disponibles por parte del Estado venezolano en los actuales momentos. Guayana exige de sus instituciones, públicas y privadas, la publicación de la totalidad de los apuntes o Memorias de Lucas Fernández Peña. El contenido de este primer tomo, nos da señales claras de lo mucho que aún tiene por decirnos y enseñarnos este viajero y explorador venezolano del siglo XX; que es como debemos considerar a Lucas Fernández Peña de ahora en adelante, según se desprende de la laboriosa, coherente, detallada e interesante información contenida en esta primera entrega de sus muy bien escritas y narradas memorias. Sin duda, con la publicación de este primer tomo de las Memorias de Lucas Fernández Peña, la Fundación de su mismo nombre, introduce a su autor en el privilegiado grupo de hombres, que desde el siglo XVI se aventuraron a penetrar las intrincadas selvas guayanesas, algunos con éxito; otros murieron o debieron retroceder; pero previsivamente, muchos dejaron interesantes anotaciones donde dejaron plasmadas sus 5 experiencias, luego convertidas en legado a la posteridad y fuente para el conocimiento científico de nuestras historias locales y regionales. Lucas Fernández Peña, se encuentra entre los primeros, los que vencieron y domeñaron la selva. Él logró construir y dejar un legado. Hoy es parte fundamental de la Historia de Santa Elena de Uairén y de La Gran Sabana. Sin embargo, a partir de la publicación de sus Memorias, no solo, pasa a integrar la legión de Viajeros y Exploradores Venezolanos del siglo XX; sino, a constituir una fuente para el estudio y el conocimiento científico de la Historia de Guayana, Venezuela y el mundo. 
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